martes, 26 de marzo de 2013

Concurso de alfombras.


Primer lugar un milagro concedido por el Arzobispo, segundo una indulgencia sin necesidad de primera comunión y tercer lugar un tonel de agua bendita.

Debo confesar que los exorbitantes premios no son ocurrencia mía sino de mi esposo, y no me tomen a mal, no deseo ofender a nadie con esta propuesta, pero hay que tomar en cuenta que a medida que crecen las sociedades y lo rural se va desplazando poco a poco hasta casi extinguirse, es necesario adoptar medidas para asegurar la comodidad, quién dijo que solo en un pueblo hay paz y calma, nunca ha vivido en una ciudad ordenada, sin embargo creo que de esas no existen de este lado del charco, Guatemala va corriendo apresuradamente hacia la industrialización, y como buen chapín, lo esta haciendo como caiga,

En semana santa me dan ganas de tener una casa en la zona catorce, y no es por el glamour de la zona, sino por el tráfico desahogado, vivir en el centro en estas fechas es como estar aprisionado, se tiene que salir muy temprano y regresar muy tarde para no toparse con la infinidad de procesiones que salen a venerar a Cristo por todos lados, y no quiero ofender a los practicantes católicos, cada quien son su fe y sus creencias, no me molesta el secreto a voces de que la mayoría después de cargar regresan a su oscura vida, bien dice la biblia que como perro al vómito, regresamos los hombres al pecado, pero esa es harina de otro costal, esta no es una columna evangelística, sino de protesta y proposición.

Sería muy agradable incluso para la industria del turismo, si las procesiones circularan sobre la sexta avenida, únicamente sobre esa avenida, si es mucha su gana, que den la vuelta sobre la quinta o séptima avenida, y luego de regreso al parque, hasta podrían cobrar por turno de hacer alfombras y esto también representaría un ingreso extra para la iglesia católica que en nada lo necesita pero todo sería mucho más desahogado, el comercio en esa área crecería mucho más, y no solo las ventas informales seguirían dándole el pan a muchas familias, y sobre todo, no habría caos vehicular. 

Disculpen si ofendo al plasmar esta propuesta, pero entiendo que cargar en la procesión es como una forma de purgar su alma de pecados cometidos, de quedar bien con Dios y consigo mismos, de lavar sus culpas y que su Ego no los ahorque más, pero no se ponen a pensar que hacen pecar a miles de habitantes ofuscados en el tráfico, entonces donde queda el beneficio común, y tal parece que al pasar los años necesitan lavar muchas culpas pues cada vez se ven muchas más personas participando de esta fe. 

Cada quien se come el pan como quiere, lo moja, lo parte o se lo mete de un solo, pero hay que tomar en cuenta que su práctica no sea una molestia para los demás, pues no lo hacen en la comodidad y privacidad de un templo sino toman un espacio de uso común, lo vuelven propio por un mes y luego se enojan si alguien se atreve a decir misa. ¿Dónde esta el espíritu de amor al prójimo?

viernes, 22 de marzo de 2013

Arjona, tan chapín como yo.

Honestamente no soy fan de Arjona, pero tampoco tengo nada en su contra, ni lo conozco porque de ser así habría una foto en mi perfil que lo comprobara, escucho su música las veintiunicas veces que paso por algún lugar donde este sonando y cuando es así me parece que suena bien, a las letras que les he puesto coco me parecen interesantes, y su pasión me parece muy buena, obviamente es reconocido y ha sido galardonado con varios premios, que si no son como la orden del quetzal, me parece que indican que es bueno.

Así que lo que no entiendo es porque la tirria contra el hombre que solo quiso cantar, fue tras su sueño y lo alcanzó, será porque no fue hijo de padres ricos que pudieran costear su fama como la mayoría de la farándula chapina, o quizá porque el éxito no se lo dio su patria, sino otra, si fuéramos como los mexicanos lo alabaríamos sin pensarlo, pero no, somos guatemaltecos, así que para seguir quedando bien con nosotros mismos, lo criticamos y le vemos todo lo malo y lo feo, porque vaya que no es guapo, pero y que! Nos gusta solamente si a nuestro grupo social le gusta, pero con eso de los tantos amigos en las redes sociales, nos movemos con la ola virtual y si alguien dice que es pupuso ir a un concierto gratis del pseudo chapín Arjona, entonces vituperamos su nombre y nos burlamos de el porque cedemos ante la presión social, cuando nuestro grupo social real quizá no exceda de una docena pelones a lo sumo, todo sea por los likes.

Si fuera un chapín regueatonero entendería la molestia, unos dicen que es porque no es poeta, ni es cantante, que no es trovador ni es salmista,  se parece aquel uno en su versión más chafa, no es ni chiche ni limonada pero quita la sed, es guatemalteco eso es lo que es y creo que como parte de este país deberíamos sentirnos orgullosos de el y de todos los demás que ponen el nombre de nuestra patria en alto, que no sean solo las noticias amarillistas de muerte y violencia las que nos distingan, que sean cosas como estas las que nos destaquen, pero como siempre hemos despreciado lo que es nuestro, sino vayan a ver como cedimos tan fácil el territorio de Belice, o porque con tanta cultura Maya y tanto lugar turístico que nos beneficie, otros paises vecinos nos ganan con eso, cuando aqui es el centro, acá también hay cosas buenas y asombrosas, si algo admiro de los mexicanos es su amor a la patria, seamos como ellos y digamos primero Guatemala, segundo Guatemala, tercero Guatemala, si sirve es Guatemala y si no también es Guatemala pero enmendemoslo.

jueves, 14 de marzo de 2013

Federico Mora.

-->
No se como se llamaba, vagamente me acuerdo de su cara, tenia pelo corto a la altura de los hombros, castaño oscuro y una mirada que denotaba miedo y vergüenza, hombros encogidos, brazos cruzados y ese camisón sucio característico del lugar en donde estaba.

El olor era insoportable, es de aquellos olores que impregnan en el recuerdo y destapan hasta las narices con sinusitis, asqueroso, una mezcla de heces, vómitos, orines, personas sin bañarse y desinfectante cuarteado.

Me encanta mi profesión, aunque no la ejerzo al cien por ciento, me gusta lo que estudie, lo que aprendí y aun eso que viví en el Federico Mora, el único hospital psiquiátrico público en Guatemala. Esos días conocimos a mucha gente única, y no por lo que  les aquejaba, aunque eso les daba un toque asombroso increíble, pero eran únicas porque sus historias y sus preocupaciones salen de la norma completamente y todas estaban tan serenas e incluso unas tan cariñosas que daba miedo, no solo se sentía raro sino daba miedo.

Clara, le llamare a la joven cuyo nombre no recuerdo, tenia trastorno bipolar, y en un arranque maniaco había decidido que sus pastillas no le servían más, no se que fue lo que hizo exactamente, pero su episodio de euforia provoco que sus más cercanos familiares la internaran en ese establecimiento digno de muchas historias de terror, y ella solo decía, - por favor llame a mi mamá, yo le doy el número, dígale que ya estoy bien, que me saque de acá – y es que sin una dosis generosa de estupefacientes no había sopor que la sacara de su angustiante realidad y ver su desespero, sentirlo, casi palparlo, fue lo que provoco que me saliera abruptamente de la sala de entrevista y corriera al baño, solo para encontrarme vomitando en el pasillo, claro que el olor no ayudo, pero no soy una persona que le de asco o vasca cualquier cosa, fue la impresión de que esa joven tenía mi edad y ya había perdido su mente.

Perder la mente es algo tenebroso, sin embargo ya perdida no se extraña, no se añora, la Reina Rey era una señora de unos setenta y pico años, que se consideraba una Reina hermafrodita, por eso también era Rey, donde todos sus súbditos vivían dentro de ella, coloridos, psicodélicos y felices la alababan todo el día, y ella se veía tan complacida y feliz, que el médico de turno tuvo que ordenar que le subieran la dosis de antipsicóticos.

Y es que hasta que no se palpa, no se siente, hasta allí me di cuenta del regalo asombroso que tenemos casi todos en el mundo, aun con traumas y problemas, somos dueños de nuestra mente, no estamos recluidos en una institución porque ya no podemos cuidar de nosotros mismos, la vida se vive una vez y se va tan rápido, nos enfrascamos en las preocupaciones del diario vivir, cuando hay gente que con poco, gente aún que sin cordura vive feliz, lo que me hace cuestionar seriamente la cordura.

viernes, 1 de marzo de 2013

Cristianerd.

En mi corta vida de veintisiete años, unos que ya van pesando y otros que se escaparon de mi consciente, guardo el recuerdo de mis primeras amigas, vagamente me acuerdo de todas, pero lo que si sé, es que habíamos cinco las que éramos constantes y creo que la perseverancia se debía a la falta de melcocha, pues éramos  solo amigas de colegio,  no más, nunca me he caracterizado por ser una people person.

Perseveramos hasta que entramos en la adolescencia, y está, nos entro muy tarde,  no se si era el tipo de nuestras personalidades, el hecho de que estudiamos en un colegio cristiano, ambas o muchas más, el asunto era que hasta los quince, no platicábamos con los varones como la norma lo indicaba, la norma en nuestro salón de clases era, las mujeres de un lado y los hombres del otro, eso sí Guillermo era una de nosotras, pero todavía no lo sabíamos.

Al pasar años, traumas y experiencias, nos encontramos nuevamente, a veces todas, otras solo algunas y sin darme cuenta, ahora soy parte de las desterradas, antes la que decía que tenia que hacer algo como una excusa para no ir, era yo, ahora a mi me dan excusas y es que, mientras yo salí al mundo y con ello no me refiero a que me fui a disfrutar de los placeres de Sodoma, sino simplemente abrí mis ojos y respire un aire diferente, ellas, se quedaron enfrascadas en la burbuja del cristianismo a la cual fuimos metidas desde pequeñas, convirtiéndose en cristianerds rechazadoras de cualquier cosa que atente contra sus creencias. Pero…

Yo estoy de acuerdo con todas sus creencias e incluso las comparto, sin embargo mi forma de vida atenta contra su moral,  no porque sea una histriónica, dramática sin límites, sino porque no soy parte del club de los domingos, digo lo que pienso sin cuidar que dirá el hermano fulano, voy a donde quiero sin pensar que me va ver el hermano mengano, y no tomo ni fumo o bailo pegadito, simplemente creo en lo que creo porque es mi convicción, y no es impuesta, si bien es cierto he tomado decisiones que la farándula cristiana tacharía de pecado capital, no debemos olvidar que acá el que tiene poder de juzgar no somos nosotros.

 Lo que me molesta, es que con su actitud predican lo contrario a lo que creen, en algún lugar leí, que los cristianos, debíamos ser siempre intachables, no por lo que las demás personas fueran a decir o a pensar de nosotros, sino porque la única biblia que muchos leerían seriamos nosotros y con eso no estoy diciendo que mi versión del cristianismo es light, sino que he sido víctima de un rechazo moral que a mi parecer es irracional, porque preferiría que me dijeran que se están apartando para vivir en santidad a que me pusieran excusas sin fundamento porque mi estilo de vida les incomoda.

Algunos me dirán que es Karma, o en este caso particular que es la cosecha de mi siembra por tantos años de rechazar invitaciones, pero, yo las rechace porque soy un poco asocial y no tengo las mismas necesidades sociales que la norma, no porque me incomodara su forma de vivir la vida. Otros podrán pensar que tal vez sus creencias no son tan fuertes y que al alejarse de todo lo impuro, preservan su santidad, quizá este haciendo un lio donde no hay viejas, y se que en este tema la tijera me queda corta, pero el punto es que, hay un mundo allá afuera, del cual no podemos escapar, quien haya salido, regresado y aun permanezca firme, es quien tiene mi admiración y estoy segura que también tiene misericordia para sentarse con los gentiles y conmigo también.