lunes, 25 de febrero de 2013

Casa de Empeño.


Lo que he aprendido en mi corta aventura de seis meses en una empresa casi propia, es que  casi no es un total, lamentablemente cuando hay dinero de por medio la amistad se pierde y la ambición se convierte en un monstruo que si no es apaciguado con transparencia, devora hasta la misma sangre.

Aunque en mi caso la transparencia no sirvió de mucho, pues no se pueden cambiar las personalidades y los hábitos de toda la vida, el desorden administrativo opaca cualquier rasgo TOC y todo parece un caos con una calma tan densa que corta el cuello de cualquier iluso que con ideal afable desea hacer el bien.

Aprendí también que los tiempos son distintos para todos y que hay que saber reconocerlos pues una buena oferta no significa un buen negocio y muchas veces un buen negocio que tiene el potencial de llevarnos al éxito económico nos lleva al fracaso fraternal y entonces no era un buen negocio.

Un buen negocio para mi es aquel en donde todos ganan, ganaré más yo, pero los demás que están conmigo también ganan, un buen negocio para mi es donde todos participan, no se puede esperar construir un imperio a base de directrices imperativas que no dejan margen a la opinión de quien lleva la carreta, hay que meter las manos y no solo para agarrar las plata sino para hacer esos pequeños trabajos tediosos que son la base y el fundamento de la empresa.

Aprendí también, que la palabra no pesa nada,  a menos que sea usada en tu contra, si no esta escrito no vale nada y aun así, aun así, la obstinación y el deseo de salir en el caballo de Alvarado, valen más que cualquier cosa.

¡El dinero! El dinero no es malo, solo demuestra lo que hay en el corazón de las personas, ser pedante, impositivo, tufoso y sin dinero no es más que una cáscara de banano podrida en mi bote de basura, por eso he entendido que este puede que no sea mi tiempo, pero en lo que lo averiguo volteare la tortilla para que este lista.

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