miércoles, 27 de febrero de 2013

El poder de una mujer.

Meditaba el otro día al escuchar indebidamente una plática entre esposos, era una discusión pacífica, nada acalorada, donde ella le decía:
 - Tienes exactamente lo que te mereces -  en respuesta a los reclamos que él le hacía.

Y pensé: no tiene lo que merece, tiene lo que ha cosechado, probablemente merece más de lo que tiene, o menos, dependiendo de la calidad de su corazón, de los principios con que se mueva en la vida, y de lo que motive sus pasos.

Aunque estas tres no determinan la valía de una persona, creo son fundamentales para el tipo de cosecha que obtengamos en nuestro diario vivir, y quien no quiera llamarle cosecha, le puede llamar causa y efecto, ying yang, karma, etc.

Yo le llamo ley de la siembra y cosecha, pues cada día nuestros actos tanto externos como internos, conscientes o inconscientes, y aun espirituales, almáticos o físicos, son semillas, las cuales dependiendo de donde sean sembradas determinan lo que viene de regreso.

Esto me llevo a pensar, sin caer en tintes machistas, ¿Qué habrá hecho esta mujer para que le reclamen de esa manera? Y si no hizo nada, ¿Qué puede hacer ella para cambiar la situación en la que se encuentra? Y abordo este punto desde la perspectiva femenina, por el simple hecho de que soy mujer, y por más que leamos, entendamos y estudiemos al género opuesto, creo que solo estando en sus zapatos, en realidad les podremos comprender y viceversa.

Y así como una luz, que determinaba la respuesta a las interrogantes planteadas, pensé ¿En que radica el poder de una mujer?

Creo que el poder de una mujer no está en ser hermosa, en tener un cuerpazo de revista photoshop less, que atrae a cuantos ojos pasen por su lado, pienso que el poder de una mujer no está en los ojos, sean verdes, azules, negros o de un profundo café anacarado, tampoco está en su mirada, en la profundidad que esta pueda tener, ni en lo encantadora que sea, no está en el número de pretendientes que tenga, ni en el número de amigos que puedan saludarla, sean estos hombres o mujeres, el poder de una mujer no está en su popularidad. No, tampoco está en los pocos o muchos títulos que tenga, en las destrezas tanto físicas o intelectuales que posea, ni en la cantidad de plata que se lleve a la bolsa, todo esto y más contribuye en cierta forma a la calidad de una mujer, pero no a su poder como mujer en sí misma.

Pienso que el poder de una mujer no es en la manera como se arregla, la ropa que use, y los tantos productos y cremas que ponga en su cutis, no radica en el hecho de cuantas visitas haga al salón, ni cuantos almuerzos sociales tenga, o a cuantas causas caritativas de sus limosnas, no está tampoco en las perfectas uñas postizas que esconden la realidad de sus manos, ni en el cargado maquillaje que opaca su verdadera mirada, alguien dijo que mientras más alto el tacón más poderosa la mujer, pero tampoco está en los zancos que llevemos puestos, y no me tomen a mal, me gustan los tacones, vestirme combinada, hacerme mascarillas, pintarme el pelo de canche, comprarme ropa nueva, tener el closet lleno y decir: ¡No tengo nada que ponerme! Me encanta ser mujer, atraer miradas, coquetear sin pena, comprarme zapatos para usar siempre los mismos, usar cremas de cremas, unos cuantos perfumes, colores pasteles, oscuros o chintos, ser mujer es hermoso.

Pero no es nada de esto lo que determina el poder de una mujer, el poder de una mujer está en darle fortaleza al hombre que ama, somos tan poderosas que podemos destruir al más fuerte aun sin amarlo, nuestro poder radica en lo que hay en el corazón, en amar desmedidamente, en dar el todo por el nada, en bajar la rueda del baño sin hacer clavo, en limpiar el lavamanos después de que se ha rasurado, en tenerle la comida lista, en sonreírle genuinamentel cuándo le están lloviendo vacas, en saludarlo como que si no lo habíamos visto en meses, aunque lo vimos por la mañana, el poder de una mujer radica en ser amiga, en aprender el lenguaje de su mirada, es hablar de todo por mucho tiempo, y aun estar cómoda en el silencio, es entender sus chistes, sus necesidades raras, como el hecho de que aun en sus veinte y pico tiene play dates con sus amigos, que le gusta la música rara, es entender que puede tener amigas, aun salir con ellas pero saber que al final es nuestra boca la que desea besar, es ver a un semental pasar por el parque admirar su belleza pero desear estar en los brazos del chino, en no violar los acuerdos tácitos, es comprender su estilo, ser amable con sus cuates, es estar allí cuando necesita estar solo, no decir nada cuando es necesario, y besar, besar, besarlo para que sepa que todo está bien.

El poder de una mujer está en ser oasis, en poder decir lo que nos desagrada sin buscar una pelea, en ser completamente honesta, aunque signifique que difiramos de su punto de vista, es aceptar que es diferente que yo, es no imponer nada, es amarlo profundamente aunque conozcamos sus pasados, es eso precisamente, no olvidar que estamos en el presente y construir un futuro juntos sin rebuscar basura ajena, es hacer treguas y establecer puentes cuando las cosas están acaloradas, es no irse a la cama vendiendo hule sino deponer el ego, darse un beso consolidador dormir abrazados y a la mañana siguiente retomar el problema más calmados.

El poder de una mujer está en el pensamiento, el poder de una mujer está en su corazón, el poder de una mujer está en no olvidar que él es la mitad perdida, el poder de una mujer está en siempre ser amiga, en no tratarlo como un bicho enemigo, en dar ternura con los ojos, miel con las palabras, y amor en cada cosa que se haga.

El poder de una mujer está en darle fortaleza al hombre que ama sin olvidar que todo, todo lo que se haga por él, sea bueno, malo o indiferente, nos vendrá en mayor medida.

El poder de una mujer es amar como desea que la amen.

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