jueves, 28 de febrero de 2013

La señora del mercado.


Cony es una señora que conocí en el mercado central, cuando mi novio, que ahora es mi esposo, estuvo atendiendo el comedor de su tía porque se había quedado sin empleo y los domingos lo cerraban, así que para tener dinero extra, el lo abría.

Trabajar en el mercado es tener una mina de oro que pasa desapercibida para muchos,  porque no es nada glamorosa, yo que antes no iba a la tienda que esta a la par de mi casa, de pronto me encontré llena de dopamina, lavando trastos y sirviendo comida en un comedor del mercado central, si señores, el amor hace que uno haga cosas, que jamás pensó podría hacer.

Pero el punto no es ese, sino Cony, tendrá unos cuarenta y algo, casi cincuenta,  y se gana la vida cargando bultos y haciendo mandados, ocasionalmente hace limpieza en algún comedor o en alguna casa de los dueños de los puestos, por lo que vive AL DIA, y ella es el único sustento de su casa.

Tiene cuatro hijos, tres mujeres, un varón, un papá desconocido que la abandono,  y una familia muy extendida que viven con ella pero que no la ayudan con los gastos, ella vive en la zona doce, en un asentamiento lejano y desde allá se viene todos los días para la zona uno a trabajar y vaya que se gana el pan con su sudor.

Su historia es muy trágica y pareciera que la vida no le quiere dar una tregua, pues el papá de sus hijos, resulto ser casado y no le ayuda, a su  hija más grande que ahora tiene veintitantos años la violaron cuando tenia como doce, por lo que ahora se viste y actúa de una manera no muy femenina, en un intento desesperado de protegerse de los hombres y no trabaja por ese temor, la otra que tiene como dieciocho, se acaba de graduar de secretaria y trabaja limpiando casas, cerca de su casa, por la exorbitante cantidad de veinte quetzales diarios,  tiene una hija más pequeña que su actual trabajo es estudiar y parece que lo hace bien y el varón..., el varón que tenia que ser el hombre de la casa, el joven de diecinueve años, un tanto más un tanto menos, es víctima de su propia mente.

Su hijo tiene nueve años de padecer esquizofrenia, pero la educación, cultura, o sentido común de Cony, nunca le ha permitido entender la magnitud de dicha condición, como para ayudar a su hijo,  no se toma su medicina, cuando ella se la logra dar, es desecha en fresco y como ella no puede estar todo el tiempo al pendiente de el, el, que no se como se llama, pasa su tiempo metido en un mundo lejano al cual nadie puede ingresar.

El problema no es ese, pues si se enajenase, sin causar daño, sería un tanto más fácil de llevar para su familia, esto suena frío y muy crudo, pero es así, tal vez esa situación le daría paz a Cony, pero no, los episodios de su hijo incluyen, hacer daño a la propiedad ajena, exhibirse en publico, ofrecerle ayuda en la tarea de hacerle el amor, pegarle y causarle muchos disgustos y muchos más sustos.

Cony es alguien a quien yo admiro, pues a pesar de todo, se levanta día a día a luchar por su propia vida y la de los que ella ama, y en este mundo envuelto en tanto caos fabricado por el consumismo, ella me enseña algo envidiable,  al mal tiempo, buena o mala cara, arriba se sigue y caminando se llega pero nunca se para, pues como diria mi abuelita, para atrás, ni para agarrar impulso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario